La medida es «salida con pez». Cada salida del cuaderno guarda el tiempo del momento de abrirla (presión y hacia dónde iba, viento, temperatura, lluvia prevista y luna). Para cada dicho se separan las salidas en las que se cumplía de las demás, y se compara en qué parte de cada grupo hubo al menos un pez. Ni kilos ni número de piezas: es lo que menos depende de quién apunta.
La vara del azar. Dos grupos nunca salen iguales. Se juzga con la misma prueba que las grullas: la diferencia tiene que ser mayor de lo que cabría esperar por puro azar con ese número de salidas (dos desviaciones). Si no lo es, «no se nota», aunque una cifra sea algo mayor que la otra.
Con pocos datos no se juzga. Hacen falta 15 salidas en las que se cumpla el dicho y 15 en las que no; para el solunar, 40 capturas con hora en 100 horas de pesca. Mientras tanto, «aún sin medir», y se dice cuántas van.
Nadie manda. De cada pescador cuentan como mucho sus 40 últimas salidas, y se dice de cuántos pescadores sale cada cifra.
La trampa que no se arregla. Los cuadernos están sesgados: la gente sale cuando cree que va a picar, y pesca con más ganas cuando el dicho le da la razón. Un mito que «se sostiene» puede ser verdad del pez o verdad del pescador. Por eso esto es una curiosidad medida, no una ley.
Nadie sale aquí. Los cuadernos son privados. Esta página solo ve recuentos: cuántas salidas, cuántas con pez. Ni quién, ni dónde, ni cuándo.