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temporada 1, capítulo 1: «Un SILURO de más de 2 METROS coge el cebo… y lo fallo Francia al VERTICAL Ep. 1»
Primer episodio de Francia. Casi una semana a siluros al vertical con Ignacio, y con una caña que queremos traer a la tienda: 1,90 m, anillas reforzadas, pensada para los que empezáis. La idea era clara: si no la probamos, no sirve de nada. Y la prueba de verdad es la clavada. El viaje empezó como siempre: tres horas de sueño, perdidos por no pagar peajes y, de regalo, de vuelta a España por equivocarme de salida. En el río, los peces se veían en la sonda pero escapaban a diez metros. Hasta que uno de 2,10 o 2,20 se dejó encarar. Picó, bajé la caña demasiado rápido y clavé en vacío. Nos quedamos los dos temblando. Lo que me llevo: al siguiente, dejarle coger el cebo y acompañarle cuatro o cinco segundos. Y lo que dice Ignacio de la caña, que en la clavada le falta un pelín de fuerza. Para eso estamos probando. El primer siluro, pequeño. Mañana, zona nueva. Crea tu propia suerte, compa. 🍀
Emprendemos una nueva aventura de pesca de casi una semana. Durante estos días, estaré acompañado por mi amigo Ignacio, quien es un gran amante de la pesca del siluro, sobre todo al vertical. Junto con el, estaremos probando las nuevas futuras cañas de Ribera Fishing para pescar siluros a lance y vertical. A lo largo de l a aventura podréis ver lo que es buscarse la vida para poder hacernos con grandes siluros, todos los problemas que ello conlleva, y por supuesto, os mostraré el como estaremos haciendo para poder pescar grandes siluros en ríos que nunca antes habíamos estado.
Temas: siluros · francia
Temporada 1
Primer episodio de Francia. Casi una semana a siluros al vertical con Ignacio, y con una caña que queremos traer a la tienda: 1,90 m, anillas reforzadas, pensada para los que empezáis. La idea era clara: si no la probamos, no sirve de nada. Y la prueba de verdad es la clavada. El viaje empezó como siempre: tres horas de sueño, perdidos por no pagar peajes y, de regalo, de vuelta a España por equivocarme de salida. En el río, los peces se veían en la sonda pero escapaban a diez metros. Hasta que uno de 2,10 o 2,20 se dejó encarar. Picó, bajé la caña demasiado rápido y clavé en vacío. Nos quedamos los dos temblando. Lo que me llevo: al siguiente, dejarle coger el cebo y acompañarle cuatro o cinco segundos. Y lo que dice Ignacio de la caña, que en la clavada le falta un pelín de fuerza. Para eso estamos probando. El primer siluro, pequeño. Mañana, zona nueva. Crea tu propia suerte, compa. 🍀
Tres siluros de unos dos metros han cogido el cebo en lo que llevamos de viaje. Los tres, fallados. Creo que es la prisa: clavamos tan rápido que les sacamos el cebo de la boca. Segundo episodio en Francia, al vertical con Ignacio. Así que la mañana se va en conseguir cebo. Aquí, en Francia, los peces vivos los venden en la tienda de pesca, y compramos quince. En España, en la mayoría de sitios, el pez vivo está prohibido: mira la normativa de tu zona. Un aviso de Ignacio que vale para cualquier cebo vivo: si los pasas de un agua a otra muy distinta, pueden no aguantarlo y quedarse panza arriba. Y en el río, cachos: como un alburno grande, más cilíndrico y con la boca más grande. Comen lo que cae de los árboles y entran bien a cucharillas pequeñas. Lo que hablamos la primera noche: muy poco movimiento, poco pez a la vista. Pero metiéndole horas, creo que se puede pinchar uno bueno.
Ignacio le pidió a ChatGPT un río de siluros. Le hizo hasta una tabla: tamaño medio, probabilidad de sacar un 2,30, pozas profundas y "adrenalina". Prometía tanques. Salió el primer siluro del viaje. Y no venía en ayunas: vomitó un pájaro. Tercera mañana. Viento toda la noche, el refugio casi se levanta, y la previsión dice viento y algo de agua todos los días. Nada más echarnos, dos peces grandes, uno de unos 2,30, en una zona de corriente con muchas vueltas. Mucho pececillo de pasto alrededor: el siluro se mete en el banco y lo pierdes de vista. Con corriente y viento, no hay manera de ponerle el cebo en la boca. Así que cambiamos de idea. Tablas tranquilas: si va a soplar y llover, que por lo menos el agua esté quieta. Echamos más tiempo recogiendo, montando y comprando que pescando. La moral, para qué mentir, va de caída. Hay silencios. Pero tenemos buen equipo y buena sonda, y tarde o temprano sale uno grande.
Tormenta eléctrica, ropa calada, una noche debajo de un puente, la cama rota, todos los ríos en riada y una bronca con Ignacio. Esto también es un viaje de pesca. Y casi nunca se enseña. Mucha gente cree que con una sonda en vivo la pesca está hecha. Yo no la uso; Ignacio, sí. Una sonda normal manda ecos hacia abajo y te pinta una línea. Esta te enseña el pez en directo: el tamaño, cómo gira, hacia dónde va. Es como ir con una linterna por una casa a oscuras. Pero si el pez está presionado y te nota a diez metros, o la corriente te saca de la posición, la tecnología no te lo pone en la barca. Día cuatro. Río nuevo, unos cien metros de ancho y quieto como un embalse. Uno de los puestos tenía acceso prohibido. Preferimos el otro antes que una multa en el buzón. Dos kilómetros sin un pez de más de 1,30. Ni con el clonc, ni en una salida de agua, ni en los árboles sumergidos.
Siete días. Tres siluros de dos metros fallados. Lluvia, riadas y una noche debajo de un puente. Y en la última oportunidad, ya en el Ebro, un 2,24. Con la caña partida. Los chubasqueros no eran chubasqueros: eran chaquetas normales. Con toda la ropa calada, la mañana de lluvia la pasamos en el campamento. Mucha agua y pocos peces. Esto no es Mequinenza, donde ves peces por todos lados. Aquí hay que encontrar el punto, y eso es moverse, moverse y moverse. Esa noche oímos siluros comer cerca del puesto, así que nos quedamos ahí. Cerca de los árboles y en agua parada, no en la corriente. Funcionó. Dos lecciones de barca. Si te acercas a un pez y vas pasado, para el motor y gira la barca; no aceleres. Y con brisa, cada ola contra la barca hace "plas". A tres metros, el siluro lo oye y se va. Ignacio lo dijo claro: esperaba mucho más. Aquí, para un pez bueno, una paliza.
Lo que sale en esta serie, a la venta en la tienda.